Se trata de un doble proyecto de atención a domicilio
y vivienda compartida, que finalizó en diciembre de 2004,
y que ha beneficiado a unas 1.000 personas.
Aunque el apoyo de la Fundación Iberdrola concluyó
en diciembre, las actividades han continuado, sirviendo la aportación
de la Fundación como impulso y consolidación de
las mismas. La Fundación Iberdrola, con 42.727 euros, se
hizo cargo del 43% del presupuesto.
En su vertiente de atención a domicilio, el proyecto consistía
en que voluntarios de la organización visitaran semanalmente
a ancianos que viven solos en Madrid para convivir con ellos y
acompañarlos a pasear. De esta manera se evita que se sientan
abandonados y se les dota de un referente con quien compartir
sus horas y así mejorar su autoestima. Los voluntarios
también atienden al anciano cuando necesita algún
apoyo especial, como visitas al médico, rehabilitaciones,
etc.
Este programa se complementa con el de Vivienda Compartida, donde
las personas mayores que requieren ayuda y compañía
para permanecer en sus casas comparten piso con jóvenes
estudiantes. Así se cumple un doble objetivo social: ayudar
a estudiantes que no pueden pagar un alquiler y acompañar
a ancianos que viven solos, dándoles compañía
y cariño, ayudándoles a realizar aquellas tareas
que no pueden hacer solos, y permitiéndoles que envejezcan
en sus casas de forma digna e independiente.
El objetivo último del proyecto ha sido mejorar la calidad
de vida de las personas mayores que se encuentran solas y en una
situación de cierto desamparo, a la vez que fomentar y
desarrollar las relaciones y el respeto entre la juventud y la
tercera edad.