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Un futuro energético sostenido
PROGRAMA SOBRE ENERGÍA Y DESARROLLO SOSTENIBLE

Un futuro energético sostenido.

José Luis de la Fuente
José María Martínez-Val

Resumen:
Las perspectivas actuales, avaladas por datos contables de inversiones y por las proyecciones más fiables, tanto de carácter empresarial como de la Agencia Internacional de la Energía, es que la participación de los combustibles fósiles en la satisfacción de la demanda energética de dentro de veinte años no sólo no habrá decaído de su porcentaje actual (cercano al 90% de la energía antropogénica total) sino que habrá aumentado, y sobrepasará el 90% con cierta amplitud.

 

 

Índices del programa sobre energía y desarrollo sostenible:

General
Energía sostenible
Desarrollo económico
Medioambiente y cambio climático
Agua y otros recursos
Salud y biotecnología
Transporte

Aunque sus resultados concretos fueran escasos, la Cumbre de la Tierra en Johannesburgo a finales del pasado verano fue un recordatorio de un conjunto de problemas de muy diversa naturaleza y muy diverso plazo de planteamiento, entre los cuales se encontraban varios de carácter energético, formulados más en función de consideraciones ambientales que de las propias características energéticas intrínsecas, incomprensiblemente soslayadas. Ese voluntarismo en las formulaciones y la enorme ambición de abarcar tantísimas cuestiones complejas en una sola Cumbre, han sido dos aspectos muy señalados por sus críticos, y quizá sean explicación de los escasos acuerdos objetivos y cuantificables que se han alcanzado. No obstante, la Cumbre sí ha tenido un efecto notable, en tanto que ha servido de recordatorio global de esas cuestiones. Algunas de ellas, como el hecho de que el 18% de la humanidad no tiene acceso a agua potable y un 40% carece de saneamiento, ponen en evidencia que la verdadera dimensión del problema de la Tierra no es tanto de contaminación como de potabilización. Más de un comentarista ha recordado a estos efectos la frase atribuida a Indira Gandhi: “No hay peor contaminación que la pobreza”.

De hecho, los países ricos y tecnológicamente avanzados (que son exactamente la misma cosa) han demostrado ya una capacidad efectiva para la reducción de los efectos indeseables de la industrialización. Dos buenos ejemplos son las medidas para mitigar la agresión a la ozonosfera sustituyendo los CFC por HCFC y posteriormente por nuevos propelentes y fluidos frigorígenos, y la reducción de las lluvias ácidas, por los crecientes niveles de desulfuración y desnitrificación de emisiones atmosféricas industriales. También lo son la eliminación del plomo tetraetilo en las gasolinas y las nuevas normativas sobre carburantes en la Unión Europea.

En la Cumbre de Johannesburgo se habló sobre Energía no tanto con los ojos puestos en la realidad inmediata, como en la visión de un mundo futuro basado en energía solar; pretendiendo pasar de la situación presente al “futuro sostenible” mediante “salto de la rana” (textualmente, leapfrogging) desde un “caduco sector” dominado por los combustibles fósiles a la “solar age”.

Habida cuenta lo terca que es la Naturaleza y lo testarudas que son sus leyes físicas (no modificables por Boletín Oficial) en esto hay que mantener un nivel altísimo de racionalidad; pues no siempre es saludable un idealismo que lleve a confundir molinos de viento con gigantes. Las perspectivas actuales, avaladas por datos contables de inversiones y por las proyecciones más fiables, tanto de carácter empresarial como de la Agencia Internacional de la Energía, es que la participación de los combustibles fósiles en la satisfacción de la demanda energética de dentro de veinte años no sólo no habrá decaído de su porcentaje actual (cercano al 90% de la energía antropogénica total) sino que habrá aumentado, y sobrepasará el 90% con cierta amplitud. Y ello se deberá a una conjunción de causas: el despliegue sobreacelerado del gas natural; los parones nucleares que de jure o de facto se están dando; parones similares en la gran hidráulica; e incapacidad de las energías renovables de penetrar tan deprisa en el mercado como las prisas que lleva el mercado por crecer.

Hay que añadir a esto que mientras la Cumbre de Johannesburgo, en el ámbito energético, parecía sumirse en la autocomplacencia de la contemplación idealista del largo plazo, los países ricos y tecnológicamente desarrollados (entre los cuales se encuentra el nuestro por un esfuerzo ímprobo de industrialización de más de cincuenta años) plantean la liberalización completa de los monopolios naturales de sus sectores energéticos, gracias a dos factores que lo hacen posible: disponibilidad de fuentes de energía, particularmente de gas natural, y disponibilidad de tecnología. Y esa liberalización a buen seguro producirá efectos económicos adicionalmente positivos, lo cual permitirá disponer de recursos presupuestarios y científico-técnicos para ir trabajando en el despliegue del futuro. Pero será un despliegue bien asentado, no un “leapfrogging” en el vacío.

Es obvio que los combustibles fósiles tienen reservas acotadas, y también lo es que sus moléculas producto esenciales, CO2 y H2O, contribuyen al efecto invernadero por tratarse de moléculas triatómicas. Pero también hay que recordar que si no fuera por este efecto, dominado a escala global por el agua y su vapor, el planeta sería inhabitable, pues nuestra temperatura media en vez de 15 0C sería de 18 0C bajo cero. Nuestra superficie terrestre estaría esencialmente helada.

Por descontado que el incremento de CO2 puede alterar las condiciones climáticas y meteorológicas, y que ello se debe estudiar rigurosamente, al tiempo que se idean e implantan medidas cautelares lógicas, y económica y socialmente justificadas y sostenibles, para atemperar el incremento en las emisiones de CO2. Pero si algo permitirá establecer unas estructuras energéticas más acordes con las necesidades del futuro de la humanidad, ese algo será un adecuado desarrollo del sector, manteniéndose por un lado como pilar del bienestar socioeconómico, y propiciando por otro el avance científico-técnico en el que tanto hay por trabajar en el ámbito de la energía.

En el Foro Iberdrola del Pensamiento Actual se ha establecido un Programa de Energía que tiene como uno de sus objetivos básicos contribuir a identificar hacia donde cabe dirigir los esfuerzos de toda índole para avanzar hacia un Desarrollo Energético Sostenible. Pero en ese camino nos parece crucial que la evolución se haga sobre bases sólidas. Y para ello es imprescindible que nuestro desarrollo energético sea sostenido, y que los únicos “saltos cuánticos” que se produzcan sean por el progreso científico-tecnológico, no por un voluntarismo quizá idealista, pero no ideal.  

 

 

FORO:
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