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PROGRAMA
SOBRE ENERGÍA Y DESARROLLO SOSTENIBLE
Fuerzas
y fuentes de energía
Mireia
Piera
Manuel Perlado
José María Martínez-Val
Resumen:
La
fusión nuclear es, por así decir, el motor energético del universo.
Sin ella las estrellas serían astros muertos. Y muerto quedaría lo
demás, particularmente la Tierra.
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Al contemplar la grandeza del Universo somos
vagamente conscientes de los enormes dispendios energéticos que tienen
lugar a una escala impensable para nosotros en su amplitud, y en la cual
nuestras necesidades son un ínfimo infinitésimo. De esa amplitud
descomunal nos interesa subrayar un hecho: la fenomenología energética
observada hasta hoy en nuestra naturaleza se explica por la acción de una
o varias de las siguientes fuerzas: la gravitatoria, la electromagnética,
la nuclear fuerte, y la nuclear débil.
Tomemos el sol, que dentro de esa infinitud
finita que es el Universo, nos resulta
fundamental por su cercanía, a pesar de que la distancia media que
nos separa de él es de 150 millones de km. Tiene un radio algo inferior a
700.000 km, y una masa cercana a 2x1030 kg, y una potencia,
disipada como radiación electromagnética, de 3,9x1026 W, con
una temperatura superficial equivalente de 5.780 K.
Su potencia la produce merced a consumir
protones mediante reacciones de fusión a una tasa que puede parecernos
altísima, de 600 millones de toneladas por segundo, pero que por fortuna
es moderada en comparación con su propia masa. De hecho necesitaría unos
10.000 millones de años para consumir la décima parte de esa masa a través
de las mencionadas reacciones. Esa cifra temporal, o algo menos, es lo que
se espera que viva el sol como estrella activa, calculándole actualmente
una edad de 4.500 millones de años, y estando hacia la mitad de su
periplo vital como astro energético, por lo que le quedaría vivir otro
tanto.
Las reacciones nucleares de fusión por las
cuales se genera helio a partir de hidrógeno (protones) son factibles por
las muy altas temperaturas, de decenas de millones de K (o oC)
que existen en su núcleo central, que aloja alrededor del 40% de su masa
en tan sólo el 3% de su volumen. Esas temperaturas son consecuencias de
las enormes presiones generadas por la atracción gravitatoria. Sin una
masa tan alta como la del sol, no habría fuerza suficiente para propiciar
las reacciones nucleares. Así pues, nuestro sol, del cual parte la energía
de nuestra vida y nos sirve como ente fundamental de nuestro equilibrio
termofísico, es en esencia un gigantesco reactor nuclear de fusión por
confinamiento gravitatorio. De esta manera encontramos en el sol dos de
las fuerzas antedichas: la gravitatoria y la nuclear fuerte (que es una
fuerza de intensidad extraordinaria que liga entre sí a los
constituyentes del núcleo atómico, protones y neutrones, y que no es de
largo alcance, sino prácticamente de contacto). En el sol encontramos
también las otras dos fuerzas: la electromagnética y la nuclear débil.
Esta última es responsable de diversos tipos de desintegraciones
radiactivas nucleares, y en el sol se dan como complemento de las
reacciones de fusión, para completar el ciclo de Bethe de síntesis del
helio, así como otros secundarios, que contribuyen a la nucleosíntesis
estelar, concepto que engloba la formación de núcleos de elementos químicos
de creciente masa atómica. Y también encontramos la fuerza electromagnética,
tanto en el seno del sol, propiciando la evacuación del calor hacia el
exterior, como en su superficie, pues la mayor parte de su potencia térmica
se libera como radiación electromagnética (cuyos constituyentes
elementales son fotones, algo menos de la mitad de ellos correspondientes
a la luz visible). También escapan otras partículas, esencialmente
neutrinos (partículas abundantísimas en el Universo, pero de naturaleza
física muy compleja, con muy poca probabilidad de interacción con la
materia) así como protones y rayos gamma y X de muy alta energía
individual. Sin embargo, desde
el punto de vista de la interacción térmica, ésta está absolutamente
dominada por la radiación luminosa electromagnética.
Tal como acabamos de describir, queda
patente que la fusión nuclear es, por así decirlo, el motor energético
del universo, y sin ella las estrellas serían astros muertos, y muerto
quedaría lo demás, particularmente la Tierra. En la Tierra podemos
producir artificialmente reacciones de fusión nuclear, en reactores ad
hoc. Serían reaccoines parecidas a las del sol, pero no exactamente las
mismas. En vez de protones (isótopo fundamental del hidrógeno) se
emplearían básicamente sus isótopos superiores, el deuterio (un protón
y un neutrón, isótopo natural en nuestra agua, aunque no muy abundante,
del orden de 1,5 diezmilésimas) y el tritio (un protón y dos neutrones,
no natural, pero producible por reacciones nucleares a partir del litio,
fundamentalmente terrestre, aunque también del mar). Aunque se ha dicho
que el deuterio es muy poco abundante, la fortaleza de las reacciones
nucleares es tan intensa, que el equivalente energético, grosso modo, del
contenido de deuterio en un litro de agua de mar es de un barril de petróleo.
Un litro, un barril (unos 160 litros). De todo el mar. Sobran comentarios
para subrayar la potencialidad energética de la fusión. En un contexto
de sostenibilidad energética resulta esencial esta fuente de energía, y
su potencial justifica sobradamente todos los esfuerzos de investigación
que se están llevando a cabo.
Esta consideración debe completarse con el
estudio de la globalidad de las fuentes de energía, tal como las
entendemos a la luz de nuestro conocimiento
del mundo físico, que ya hemos dicho es capaz de explicar la
naturaleza de las interacciones energéticas observadas. Esta globalidad
se recoge en la figura 2, donde se estructura sinópticamente la panoplia
de fuentes a partir de las cuales podríamos obtener energía para
nuestras aplicaciones.
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Índices
del programa sobre energía y desarrollo sostenible:
•
General
• Energía
sostenible
• Desarrollo económico
• Medioambiente
y cambio climático
• Agua y
otros recursos
• Salud y biotecnología
• Transporte |
En la parte superior izquierda del cuadro
anterior aparece la rúbrica “Fusión por Confinamiento
Gravitatorio” anteriormente analizada al explicar la energía solar.
Esta ha ido llegando a la Tierra a lo largo de la existencia del sistema
solar, y una pequeña fracción fue absorbida en organismos autótrofos,
como vegetales y plancton marino. A su vez una pequeña parte de esa
fracción fue sometida a procesos físico-químicos de origen tectónico,
y como consecuencia de ello sus moléculas perdieron su contenido de oxígeno
y , en algunos casos, incluso de hidrógeno, quedando residuos
fosilizados de carbón o de hidrocarburos, según la procedencia
terrestre o marítima de esa biomasa, y según los procesos tectónicos,
su intensidad y su duración, que dieron lugar a las transformaciones de
termogénesis, bacteriogénesis y, en menor medida, abiogénesis,
originarias de los combustibles fósiles. Todo ello dio lugar a los
combustibles fósiles, procedentes de la biomasa geológica remota, por
ejemplo de la Era Primaria (periodo Carbonífero). Constituyen hoy día
el pilar fundamental de nuestro abastecimiento energético, pues en el año
2000 se consumieron 3500 Mtep de petróleo, 2190 Mtep de carbón y 2165
Mtep de gas natural, y la tendencia no va a modificarse a corto y medio
plazo, por la estructura de los mercados y de las tecnologías de
aplicación energética, salvo en que se acentuará el consumo de gas.
Por descontado, en un escenario de Desarrollo Energético Sostenible,
los combustibles fósiles no juegan ningún papel. Sí lo deben jugar en
el esfuerzo sostenido por establecer las nuevas pautas energéticas
sostenibles de una manera racional, a partir de ahora, con el adecuado
esfuerzo de investigación y desarrollo. |