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Desarrollo sostenido y sostenible
PROGRAMA SOBRE ENERGÍA Y DESARROLLO SOSTENIBLE

Desarrollo sostenido y sostenible

José María Martínez-Val

Publicado en:
ABC, 05/01/03

Resumen:
Necesitamos sostener el desarrollo y hacerlo sostenible. Y para ello será fundamental seguir mejorando nuestra ciencia y tecnología, incluyendo la ingeniería climática, hoy una quimera, pero algún día realidad, como ya lo son la ingeniería informática y la sociedad de información.

Este es uno de los desafíos fundamentales del siglo XXI, y para responder a él, el idealismo será un buen ingrediente, pero el realismo científico será  fundamental.

 

 

Índices del programa sobre energía y desarrollo sostenible:

General
Energía sostenible
Desarrollo económico
Medioambiente y cambio climático
Agua y otros recursos
Salud y biotecnología
Transporte

En la reciente cumbre de la Tierra celebrada en agosto en Johannesburgo, se preveía que uno de los protagonistas fuera el Desarrollo Sostenible. Ello venía preparado de tiempo atrás, antes incluso de la cumbre de Río de 1992, pues un cierto tipo de activismo político-social ha venido proyectando esta idea en los últimos decenios, como materialización de dos principios tan altruistas e ideales que no se puede discrepar de ellos: equidad y ecología.

Pero el Desarrollo Sostenible no ha sido verdaderamente un gran protagonista de esa Cumbre porque en sus planteamientos había cuestiones muy sesgadas de raíz, y el análisis del concepto Desarrollo, al ser sólo adjetivado de Sostenible, producía una especia de hemiplejia que no era el mejor caldo de cultivo para que fructificaran ideas fértiles, realistas, y verdaderamente aprovechables para la humanidad. La hemiplejia procedía de intentar efectuar esos análisis sólo con la mitad del cerebro del Desarrollo; que no ha de ser sólo Sostenible. Ha de ser Sostenido.

Muy a finales de la Cumbre, algunos países de economías muy exiguas recordaron una frase, atribuida a Indira Gandhi, que puso de nuevo la verdad sobre la mesa: “No hay peor contaminación que la pobreza”.

Un 18% de la humanidad, más 1000 millones de personas, no tienen acceso a agua potable garantizada. Un 40% carece de saneamientos higiénicos. Un 50% no dispone realmente de electricidad.

Es cierto que en el camino del desarrollo de los países occidentales se han cometido muchas torpezas y algunos abusos. No es menos cierto que se están resolviendo, y de hecho, varios de los más graves, se han abordado ya con políticas efectivas que están dando frutos. Tales son los casos del agujero de ozono y las lluvias ácidas. En el primero, se procedió a una rapidísima sustitución de los CFC por los HCFC y otros refrigerantes y propelentes no agresivos para la capa de ozono. Respecto del segundo, las emisiones de las centrales de carbón se han limpiado considerablemente, y la tecnología irá a más. En 1990, España emitió a la atmósfera unos 2,4 millones de toneladas de SO2, con una producción eléctrica en esas centrales de 58 teravatios-hora. En el año 2000, con una producción superior a los 76 teravatios-hora, las emisiones de SO2 totalizaban poco más de la mitad de la cifra anterior: 1,4 millones de toneladas.

Cierto que otros problemas, como el efecto invernadero, necesitarán algo más de tiempo para su maduración. Pero el problema se abordará y se resolverá, gracias a la investigación científica y al desarrollo tecnológico, y sobre estos puntos tendremos que volver después. Pero conviene ahora centrar el tema del Desarrollo, con el planteamiento integral que en verdad requiere.

Podemos entender por Desarrollo el complejo conjunto de actividades que permiten al ser humano un acceso más fácil y directo al bienestar material, cultural, social y moral, al tiempo que se generan importantes contribuciones para el bien común, en temas tan cruciales como sanidad, educación, infraestructuras, seguridad interior y de defensa, etcétera. Por Desarrollo Sostenible podemos entender el Desarrollo que no transgrede las limitaciones físico-químicas de nuestro planeta, ni compromete el bienestar de otros pueblos, o de generaciones futuras.

Pero el énfasis en la Sostenibilidad no puede ocultar o minimizar el extraordinario impacto positivo que el Desarrollo Sostenido ha inducido en los países donde se ha dado, y deberá seguir induciendo en el futuro.

Hace apenas un año Sus Majestades los reyes inauguraron el espléndido museo de las Cuevas de Altamira, un buen punto para ser tomado como referencia cronológica, y que cuenta en sus salas científicas, y no sólo en sus reproducciones artísticas, con una exposición de extraordinario interés.

Allí se nos recuerda que aquellos antepasados nuestros del paleolítico, hace quince mil años, vivían en medio de una glaciación, con temperaturas muy inferiores a las nuestras, y con un casquete polar tan extenso que cubría todo lo hoy conocido como América del Norte, casi hasta la Florida. En el Cantábrico, la línea del mar estaba dos kilómetros más alejada de lo que hoy está, por la enorme cantidad de masa helada que había sobre los continentes.

De aquel tipo de cuevas comenzó a salir el hombre hace unos diez mil años, tal como comenzaba la interglaciación, cambiaba el clima hacia temperaturas notoriamente más altas, desaparecían especies tan bestiales -para nuestros antepasados- como el oso cavernario de más de tres metros de altura, y se preparaba la gran revolución del Neolítico, con la agricultura, el asentamiento de las ciudades, la escritura, la metalurgia,...

Aún con esos avances, la esperanza de vida de los humanos no mejoró mucho: quizá pasara de algo menos de treinta años en el paleolítico a algo más de treinta en el neolítico. Pero posteriormente, en la época de los grandes imperios, e incluso en la Edad Media, la cifra volvió a empeorar, pues la insalubridad de aquellas aglomeraciones humanas iniciales propiciaba enormemente pestes y plagas.

A finales del siglo XVIII la esperanza de vida en Europa alcanzaba los cuarenta años. A principios del siglo XX era de cincuenta. Hoy es ya de ochenta. Ello se ha debido básicamente a los avances en medicina y farmacopea, pero éstos serían impensables sin el sustrato industrial que las mantiene. Un dato puede ser relevante a este efecto: Fleming descubrió la penicilina en 1928, pero hubo de esperar a que Florey y Chain, con quiénes compartió el premio Nobel, desarrollaran el proceso químico para aislarla y depurarla. A partir de lo cual se industrializó su producción, dando origen a  que los antibióticos hayan pasado a ser algo al alcance inmediato de una gran mayoría de los seres humanos. Lo deseable, lo verdaderamente deseable, es que lo pasen a ser de todos. Y que lo mismo se aplique al escáner, a la tomografía, o a cualquier método avanzado de diagnosis médica, por señalar un campo. Y para ello hace falta el Desarrollo Sostenido. Hasta la fecha, este Desarrollo ha estado ligado al marco geográfico del mundo occidental. Por solidaridad, deberían encontrarse medios institucionales y operativos para globalizarlo, y estos medios requerirán aún mayor compromiso con el Desarrollo, sostenido y sostenible.

Dentro de la sostenibilidad, el aire, el agua, los recursos naturales, los residuos y la energía cobran un interés especial. En particular, la energía ha pasado a ser objeto de especial atención; aunque en esa atención se mezclan planteamientos muy diversos, no siempre acompañados del rigor científico, y ello va desde la preocupación desmedida por el efecto invernadero, a la oposición a la energía nuclear, que precisamente ayudaría a paliar dicho efecto.

En este tema necesitamos aún unos años para conocer mejor las complejísimas leyes meteorológico-climáticas de nuestro planeta. Debemos ocuparnos de ello, más que preocuparnos. Y se está trabajando mucho en tal sentido. Tanto, que cuando esta fase de investigación haya concluido, no sólo seremos capaces de aquilatar bien el efecto invernadero, sino que habremos sentado las bases de la ingeniería climática, tan impensable hoy día como la telefonía o la aviación resultaban impensables en tiempos de la Revolución Francesa.

El efecto invernadero se produce en las capas bajas de la atmósfera como consecuencia de que moléculas tales como el H2O o el CO2 atrapan la radiación térmica terrestre, retrodispersándola hacia nuestra superficie, que por tal motivo adquiere mayor temperatura que la que tendría sin esas moléculas. Cabe recordar que si no hubiera efecto invernadero, que está gobernado fundamentalmente por las nubes y el vapor de agua, la temperatura media de la tierra no sería de 15 0C, sino de 18 0C bajo cero. Nuestra vida en la Tierra sería imposible.

Los Cromagnones llevamos sobre el planeta poco más de cuarenta mil años, y en ellos hemos sufrido los efectos de una glaciación, y no de las más fuertes. Soportar nuevos cambios climáticos profundos posiblemente requerirá avances tecnológicos que aún no somos capaces de identificar, y que darán un nuevo empujón a nuestra actividad socioeconómica. Necesitamos sostener el desarrollo y hacerlo sostenible. Y para ello será fundamental seguir mejorando nuestra ciencia y tecnología, incluyendo la ingeniería climática, hoy una quimera, pero algún día realidad, como ya lo son la ingeniería informática y la sociedad de información.  

Este es uno de los desafíos fundamentales del siglo XXI, y para responder a él, el idealismo será un buen ingrediente, pero el realismo científico será  fundamental. La conjunción de esta dualidad, el ideal y lo real, merecerá un esfuerzo en el que la ciencia, el mundo empresarial, los políticos y la sociedad en general tendrán que establecer foros de encuentros y análisis que iluminen nuestro desarrollo en el futuro. Con este objetivo, y recogiendo inquietudes muy multidisciplinares, se ha establecido un foro auspiciado por la Fundación Iberdr9ola, que aspira a aportar a la sociedad argumentos y referencias para mejor comprender esta problemática. Pues no cabe duda que el Desarrollo ha de ser sostenible, pero no puede dejar de ser sostenido.  
 

 

FORO:
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