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Religiosas Adoratrices

“Inserción sociolaboral de mujeres víctimas de la trata con fines de explotación sexual, servicio doméstico y laboral”, de las Religiosas Adoratrices

Cada mujer sujeta a redes de explotación supone unos ingresos medios de 6.000 euros mensuales para las mafias. Dinero que sale de los circuitos legales y productivos para ingresar en circuitos ilegales y de refuerzo de la corrupción. El tiempo medio que cada mujer permanece atada a estas mafias puede llegar a los cinco meses, lo que significa que la explotación de cada mujer saca del circuito legal cerca de 30.000 euros.

Por el contrario, cada mujer que encuentra trabajo accede a niveles de renta legales en torno a los 14.000 euros anuales. Este dinero cotiza a la Seguridad Social y contribuye al crecimiento legal de la sociedad en la que participa. De modo que los beneficios de este proyecto se contabilizan en números y llegan a todos.

En España se calcula que casi 20.000 mujeres viven en esta situación, 500.0000 en Europa Occidental y cerca de cuatro millones a nivel mundial. Sin embargo, el conocimiento de esta realidad es tremendamente escaso en el contexto español. En nuestro país, la situación de estas mujeres se asimila a la de otras, como las mujeres en prostitución, las mujeres en drogodependencias o las mujeres inmigrantes, sin llegar a conocer las especificidades del colectivo.
Naciones Unidas sí ha definido la especificidad de este problema. Lo hizo en el año 2000, en la Convención Contra el Crimen Organizado Trasnacional y este proyecto, el Proyecto Esperanza, es el único en España que se acoge a esta definición.

La situación de partida de estas mujeres es de extrema vulnerabilidad, debido a su escaso bagaje cultural y formativo, el desconocimiento del idioma, la falta de experiencia laboral y de habilidades sociales…, todo ello unido a las lesiones físicas y psíquicas que deja el haber sido víctima de la explotación. Por ello su proceso de inserción laboral debe ser individualizado. Hasta el punto de que los objetivos y pasos de integración se van dando en diálogo con la propia mujer.

En este proceso, el acompañamiento es fundamental para evitar la decepción, el desánimo y eventualmente el fracaso. Se trata de mujeres que, en su gran mayoría, son víctimas de mafias que las explotan ante la indiferencia del contexto social en el que viven. Su salida de ese círculo de violencia es imposible sin inserción laboral regularizada. Ésta es la única que permite una inserción social autónoma en condiciones de dignidad. Otras estrategias, como pueden ser las meramente policiales o las que atienden a un enfoque de orden público, no atienden ni a la situación de fondo, pobreza y falta de alternativas; ni van más allá de un efecto cosmético efímero. Las mujeres son trasladadas de barrio o zona de explotación, pero para ellas todo sigue igual.

El perfil de la mujer víctima de la trata con fines de explotación es el de una mujer joven, entre 18 y 28 años, procedente de más de 19 países distintos (si bien destacan actualmente los países del Este de Europa, sobre todo Rumanía), con un nivel cultural medio-bajo y en muchas ocasiones con responsabilidades familiares (hijos o familiares a cargo) en el país de origen.

Este proyecto ha sido llamado a colaborar con la Comisión Mixta Congreso - Senado en su estudio sobre la realidad de la trata y la prostitución en España. Colabora además en distintas redes tanto europeas, a través de la Iniciativa Daphne, como internacionales, particularmente con la Global Alliance Against Trafficking in Women, de la que ha sido focal point para Europa Occidental en el Advocacy Project 2002.

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