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El agua y el cambio climático
PROGRAMA SOBRE ENERGÍA Y DESARROLLO SOSTENIBLE

Reunión del 19/06/03

El agua y el cambio climático

Luis Balairón

Resumen:
La variedad del clima se explica por la complejidad de los intercambios que tienen lugar en el sistema climático.

El artículo desarrolla los siguientes apartados: las causas de los cambios climáticos, la intensificación del efecto invernadero, los escenarios climáticos para el 2100, los modelos climáticos generales y las técnicas estadísticas y empíricas de mejora de la resolución.

Se añade una Bibliografía seleccionada.

 

 

 

 

 

Otros artículos de la Reunión del 19/06/03

Gráficos e imágenes sobre el agua y el cambio climático

Resumen de la reunión

 

 

 

Índices del programa sobre energía y desarrollo sostenible:

General
Energía sostenible
Desarrollo económico
Medioambiente y cambio climático
Agua y otros recursos
Salud y biotecnología
Transporte
 

 

 

Introducción: Clima y sistema climático

El sistema climático de La Tierra está formado por un conjunto de subsistemas como la atmósfera, los hielos y nieves –la criosfera-, los mares y océanos –la hidrosfera-, ), la biosfera y los suelos (en escalas de tiempo geológicas, la litosfera misma), cuya interacción combinada determina los distintos estados climáticos que podemos observar.

Parte de la variabilidad del clima que aparece como aleatoria se explica por la propia complejidad de los intercambios que tienen lugar en el sistema climático. Otra parte de la variabilidad observada, sin embargo, puede ser atribuida en su origen a procesos específicos.

La circulación atmosférica y océanica son mecanismos de redistribución de energía, materia y momento angular. Los ciclos biogeoquímicos o el ciclo del agua están constituidos por flujos de intercambio de materia y energía. Unos y otros intentan establecer estados de equilibrio.

Los patrones finales medios del comportamiento de la temperatura, el viento o la precipitación, son el resultado de estos procesos y su distribución geográfica, condicionada por diversos factores  locales, como la latitud (origen de la palabra “clima”), la orientación o la continentalidad constituye el punto de partida para establecer la planificación de actividades como la agricultura y la gestión del agua y la energía.

Las causas de los cambios climáticos: los forzamientos radiactivos

Causas de cambio obstante, el origen de los cambios importantes está determinado por alteraciones en el balance global de radiación.

La energía recibida en nuestro planeta es, en promedio, de 240 W/m2 ,  considerando una reflexión o albedo del 30%. En el equilibrio, la energía devuelta al espacio exterior por el conjunto de nuestro planeta debe ser de 240 W/m2 . De no ser así se producirían calentamientos o enfriamientos hasta alcanzar un nuevo equilibrio.

Los factores conocidos que perturban el balance de radiación son numerosos y se conocen como “agentes de forzamiento radiativo”. El forzamiento radiativo es el flujo neto medido en la parte alta de la atmósfera conocida como tropopausa (unos 12 km en promedio) en W/m2.

Conocemos bien algunos de esos forzamientos externos: Los propios cambios en las emisiones solares, muchos de ellos cíclicos; los cambios en la energía recibida producidos en escalas de miles de años por la evolucion de trayectoria de La Tierra alrededor del Sol y el cambio de la inclinación del eje de rotación (ciclos de Milankovitch controlados por los parámetros astronómicos de excentricidad de la órbita e inclinación y precesión del eje de rotación de la Tierra). Estos cambios permiten justificar las variaciones del clima durante las sucesivas alternancias de glaciación/interglaciación del período geológico más reciente, el Cuaternario (desde hace casi dos millones de años). Otros cambios, como son la diferente disposición de los continentes y océanos, y la composición diferente de la atmósfera, explican que climas diferentes al actual dominaron hace millones de años en nuestro planeta.

La intensificación del efecto de invernadero natural

El efecto de invernadero natural es un mecanismo muy eficaz de algunos planetas (Venus,  La Tierra) que eleva la temperatura de la atmósfera en superficie, debido a la presencia en su composición, de gases que absorben la radiación saliente infrarroja y que, sin embargo, son transparentes a la radiación solar entrante.

Este proceso eleva en casi 33ºC la temperatura de la atmósfera junto a la superficie terrestre, de forma que la temperatura media global es de unos 15ºC, en lugar de los –18ºC que tiene la atmósfera en su conjunto. Si la atmósfera terrestre no incluyera en su composición gases de efecto invernadero, cuyo nombre más riguroso es el de “gases radiativamente activos”, su temperatura junto al suelo también sería –18ºC.

Durante los últimos doscientos cincuenta años, debido a las actividades industriales y agrícolas de la humanidad, la atmósfera ha experimentado un aumento de gases de efecto de invernadero en relación a las concentraciones naturales preexistentes, de  un 35 % en el caso del dióxido de carbono, de un 145 % en el caso del metano y de un 15 % en el caso del óxido nitroso (datos actualizados al año 2000). Es un cambio sin precedentes conocidos en cuanto al ritmo de aumento.

En el caso del dióxido de carbono (CO2) las concentraciones actuales no se han alcanzado muy probablemente en los últimos 420.000 años y es muy poco probable que se hayan superado en los últimos 20 millones de años.

Un forzamiento como el de gases de invernadero, obliga en primera instancia al sistema climático a un calentamiento en superficie adicional y a un enfriamiento en las capas altas, para mantener la temperatura citada de equilibrio global de –18ºC, logrando que la energía emitida compense a la recibida. Estos cambios alteran el perfil vertical de distribución de temperatura de la atmósfera, y desencadenan, potencialmente, cambios en los patrones de circulación atmosférica y los océanos y en muchos de los numerosos procesos de retroalimentación que caracterizan el sistema climático, como son la evaporación marina, los cambios de albedo de los hielos marinos y terrestres, la fusión y retroceso de glaciares alpinos, la evolución de las capas nubosas o el comportamiento de la cubierta vegetal en los grandes ecosistemas.

Los modelos simples del clima, establecen que una duplicación del dióxido de carbono planetario induciría un calentamiento de 1,2 ºC mundial. Sin embargo, la modelización del sistema  con distintos grados de complejidad y la observación del pasado, nos lleva a la conclusión de que los mecanismos de realimentación amplificarían este calentamiento inicial, hasta alcanzar entre 1,5ºC y 4,5ºC.

Se suele denominar “sensibilidad” climática, a la respuesta de la temperatura ante una duplicación del CO2  respecto a las concentraciones naturales o preindustriales. Una definición más amplia, considera como “sensibilidad” climática a la respuesta de la temperatura ante cualquier forzamiento real o teórico. Debe entenderse, que no constituye una “predicción” intederminada sino una forma de medida de la incertidumbre del conocimiento en cada momento.

El IPCC, organismo creado por Naciones Unidas en 1988, para evaluar el conocimiento científico, el riesgo de consecuencias negativas asociadas a un proceso de cambio climático debido a las actividades humanas, y las respuestas más convenientes para que el clima no experimente cambios irreversibles perjudiciales para los sistemas tanto humanos como naturales, ha elaborado tres evaluaciones en los años 1990, 1995 y 2001 y numerosos informes especiales y técnicos para facilitar el desarrollo de la Convención Marco sobre el Cambio Climático, aprobada en la Cumbre de Río en 1992 y cuyo principal resultado fue la elaboración en 1997 del Protocolo de Kioto, cuyo desarrollo y aplicación constituye hoy el marco de referencia de la respuesta política a un problema con amplio fundamento científico.

Escenarios climáticos previstos para 2100

Para facilitar la investigación de impactos y el desarrollo de experimentos de modelización climática, el IPCC ha elaborado tres generaciones de “escenarios” no climáticos de emisiones y concentraciones de gases de invernadero. Los escenarios de concentraciones sirven para calcular los escenarios de forzamientos radiativos y estos, a su vez, para realizar los experimentos de modelización citados. Los resultados así obtenidos, permiten aplicar técnicas diversas de estudio de impactos que son comparables entre sí.

La última generación de escenarios, denominada SRES (Special Report on Emission Scenarios), ha propuesto 40 escenarios agrupados en cuatro grandes familias, A1, A2, B1 y B2, una de las cuales tiene a su vez tres grupos (A1FI, A1B y A1T). Los escenarios están   desarrollados a partir de hipótesis sobre el desarrollo económico, la evolución de la población y las pautas de consumo de energía, que son los factores determinantes de las emisiones futuras.

La respuesta a los escenarios de emisión considerados, para la evaluación del IPCC de 2001 (conocida por sus siglas inglesas como TAR: Third Assessment Report), obtenida con modelos relativamente simples, con sensibilidades establecidas a partir de los modelos más complejos, son escenarios climáticos que elevan la temperatura atmoférica global de superficie para el 2100, dependiendo del escenario considerado, entre 1,4º C y 5,8ºC y eleva el nivel del mar entre 8 y 90 cm.

Los impactos derivados de esta evaluación, considerando los cambios de los patrones de precipitación y de los extremos climáticos más importantes, afectan negativamente a la agricultura, en especial a la más primaria, a la gestión del agua, la energía y los alimentos y a la conservación de los ecosistemas,  a los asentamientos costeros en países del mundo no desarrollado o a los costes crecientes de las actividades de las aseguradoras mundiales.

Por último, existe un consenso generalizado acerca de la necesidad de dar un paso adelante y vincular la solución de problemas potenciales del cambio climático con la necesidad de concretar la idea general de desarrollo sostenible, es decir , de un desarrollo que no comprometa el futuro y en particular que no se base en un crecimiento que exige el agotar recursos finitos o que altera el entorno de forma tan irreversible que agota su riqueza y su capacidad de ser el soporte de nuestra propia vida como sociedad.

Escenarios globales y regionales de clima

Los escenarios globales de clima se realizan con modelos climáticos de muy diverso tipo, que conforman lo que conocemos como jerarquía de modelos climáticos  y que incluye desde modelos de dimensión cero (la tierra es un punto para el que se establecen balances de energía) hasta modelos de clima muy complejos, basados en la simulación de las circulaciones generales de la atmósfera y el océano, es del orden de los 300 km.

La simulación del clima reciente a partir de estos  modelos globales acoplados de circulación océano-atmósfera (MGC-OA), es relativamente satisfactoria en las escalas hemisféricas y continentales. Sin embargo en las escalas regionales (104-107 km2) este tipo de modelos presentan desviaciones muy importantes respecto a los valores observados y variaciones entre unas regiones y otras en función, que se observan claramente en los proyectos de intercomparación  disponibles (IPCC, 2001).

Como consecuencia de lo anterior, los resultados de experimentos realizados con modelos globales, para estudiar la respuesta del clima ante los incrementos de gases de efecto invernadero previsibles hasta el 2100, resultan inadecuados para describir las circulaciones a escala local y los comportamientos de los elementos climatológicos más comunes en escalas regionales.

En particular, resultan insuficientes para afrontar uno de los objetivos más importantes en la estrategia de adaptación ante el cambio climático, como es la evaluación de los impactos potenciales de un cambio de clima en los sistemas humanos de gestión de recursos hídricos, agrícolas o energéticos y en los sistemas naturales.

Este problema adquiere una importancia especial en el caso de los escenarios de precipitación o del viento, dada la influencia de las condiciones orográficas regionales y locales sobre la misma y la sensibilidad de los resultados de la  precipitación ante las distintas hipótesis utilizadas en los experimentos de simulación, tanto en lo que se refiere a los escenarios no climáticos, que determinan los forzamientos radiativos, como en lo que se refiere al tratamiento de las realimentaciones dinámicas consideradas en cada esquema de modelización.

Para superar este problema, en la última década se han desarrollado diversos enfoques, que pueden considerarse como complementarios entre sí: el aumento de la resolución de los modelos globales para períodos de tiempo definidos (“time slices”) y el desarrollo de modelos de rejilla variable;  la mejora de resolución mediante la utilización de modelos de área limitada, denominados modelos climáticos regionales (down scaling dinámico) y, por último, la mejora de la resolución de resultados de modelos globales mediante el desarrollo de algoritmos empíricos y estadísticos que relacionen el comportamiento de la circulación general en diversos niveles, considerados como “predictores”, con los comportamientos de las variables climáticas junto a la superficie, consideradas como “predictandos”,  en el área regional en estudio (down scaling empírico/estadístico).  También se ha abordado el problema mediante técnicas mixtas dinámico-estadísticas y mediante la interpolación directa de los valores de origen, con métodos de complejidad variable. Esta última técnica se utiliza todavía en el caso de estudios de impacto sobre variables en las que resulta difícil otro tipo de “escalamiento”, como son la humedad relativa o variables radiativas. En cualquier caso, debe observarse que todas los enfoques tienen como factor común los resultados de experimentos con modelos globales y que la comparación de su efectividad y de su adecuación para estudios de impactos debe hacerse desde dos puntos de vista: la validación de resultados frente a la observación y el análisis de su consistencia física.

Adicionalmente a estos enfoques persisten, las prácticas de obtención de escenarios mediante “composites” de varios experimentos basados en hipótesis comunes.

Los modelos climáticos regionales

Los modelos regionales de clima, en su mayoría, son modelos de área limitada atmósfericos adaptados, cuyas condiciones iniciales y de contorno, necesarias para su aplicación, proceden de experimentos climáticos globales. En los últimos años se han producido avances notables en este enfoque, mediante acoplamientos con modelos de otras componentes del sistema climático, anidamientos sucesivos o mejoras en los forzamientos locales considerados. Asímismo, los resultados se han ampliado a estadísticos de orden superior a los de valores promedio (IPCC-TAR, 2001).

Sus resultados captan comportamientos debidos a la orografía o al tipo de suelo y reproducen episodios de tiempo similares a los reales. No obstante, tienen un factor limitante esencial en la calidad de los campos de entrada de los modelos globales y aún están lejos de reproducir variabilidades diarias o climatologías cercanas a las observadas.  Asímismo, la consistencia entre modelos diferentes aplicados a la misma región, no proporciona por el momento una base coherente para el desarrollo de estudios de impacto.

No obstante, mejoran indudablemente el detalle espacial de los resultados globales, aunque se observan modificaciones negativas de las características globales de la simulación de origen, debidas posiblemente a interacciones de las escalas utilizadas en el anidamiento.

Técnicas estadísticas y empíricas de mejora de la resolución

El desarrollo de técnicas empírico/estadísticas orientadas a la mejora de la resolución de resultados de modelos globales, permite optar en la actualidad por diversos enfoques: generadores de tiempo, funciones de transferencia diversas y tipificación de patrones de circulación atmosférica. La técnica de generadores de tiempo, construye series diarias largas a partir de planteamientos estocásticos basados en las series observadas en un lugar. Las otras técnicas tienen en cuenta dos factores: los estados climáticos a gran escala como condicionante general y las características fisiogeográficas locales y regionales que rigen el comportamiento de cada variable en particular.

La escasa bibliografía de revisión del estado de esta cuestión analiza los fundamentos y las limitaciones de estos enfoques, con conclusiones todavía provisionales en cuanto a su futuro.

La viabilidad y la importancia de estos enfoques depende tanto de los avances como de las limitaciones actuales de la modelización: de ella obtienen su punto de partida y a partir de ella descripciones detalladas de variables que no son simuladas directamente por los modelos, como variables de ecosistemas o altura de olas.  En todo caso, han mostrado su alta capacidad de reproducción precisa de las climatologías observadas de variables esenciales, como la precipitación  y la temperatura.

Las debilidades de este enfoque nacen de su hipótesis básica: Suponer el mantenimiento, en un contexto climático futuro, de las relaciones obtenidas en un período histórico reciente, delimitado por los datos de los reanálisis disponibles (desde 1948, en el caso del NCEP y desde 1979 en el caso del ECMWF). Esta hipótesis es resistente a cambios climáticos poco intensos, como se demuestra con técnicas de validación cruzada, pero es incierta frente a cambios climáticos de gran escala, en especial de los que afecten a otros subsistemas climáticos, distintos de la atmósfera, como serían los cambios en  la circulación termohalina oceánica.

Los objetivos para el futuro inmediato de esta estrategia son reducir y acotar esta dependencia en la mayor medida posible y mejorar la justificación teórica, en términos dinámicos, de las relaciones obtenidas.

Escenarios para impactos

En relación a la obtención de escenarios climáticos, el diagnóstico anterior aconseja elegir el enfoque más adecuado a cada tipo de estudio de impacto.

Los impactos de escala global y subcontinental tienen en los enfoques de “time slice” su opción mejor. Los impactos en procesos locales, como precipitaciones convectivas o degradación de suelos, en especial para cambios climáticos intensos, tienen su opción óptima en los modelos regionales. Los estudios de impacto en cultivos, en ecosistemas o en recursos hídricos en cuencas, dependientes de valores medios y extremos climatológicos, en especial para las décadas más inmediatas, tienen por el momento su opción más adecuada en las técnicas empírico-estadísticas de mejora de resolución.

Selección de resultados

Finalmente, se presentan algunos resultados gráficos para la cuenca mediterránea y para España,  procedentes de diversos experimentos, y de diversas técnicas, cuya referencias se incluyen en la bibliografía adjunta.

Como resumen, limitado por la variedad de resultados y enfoques, podemos decir que se observan aumentos de temperatura comprendidos entre los 2 y 6 ºC, en función de las hipótesis de emisiones y de los modelos utilizados, y variaciones de la precipitación del orden de ± 10%, asociados básicamente a los cambios que se producen en invierno y modulados por los comportamientos de primavera y otoño.

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